El talento no es suficiente

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Si descubres lo que la gente quiere, una parte del éxito ya está garantizado.

El éxito de un diseño no solo tiene que ver con un talento relacionado con el arte o la técnica. El elemento de conocer las necesidades del cliente es fundamental. Es muy común que los clientes no tengan claridad en lo que quieren y además que lo necesiten para ayer.

El diseñador de cualquier cosa, sea diseño de interiores, un arte para un anuncio publicitario, un jardín, un negocio, o lo que fuere, necesita descubrir a través de preguntas que son determinantes, lo que está rondando en la cabeza del cliente. Algunos clientes osados, solo contratan por la obra y la firma del diseñador y aceptan cualquier cosa que este les sugiera, aunque luego no les guste terminarán pagando por tener un diseño de alguna firma famosa, porque seguramente lo que necesita es eso, a fin de cuentas cualquier cosa que haga uno de esos diseñadores reconocidos debe ser buena.

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Pero en la mayoría de los casos, incluso, dejando todo al libre albedrío del diseñador, este siempre debe saber para qué será su diseño. Aquí hay dos líneas claras de seguir: una, el diseñador conoce del proyecto, sus objetivos, sus usos y hace una propuesta en función de su experiencia y la otra línea en la que hay algunas sugerencias del cliente en relación a lo que le gustaría que comunicara el espacio a diseñar, si quiere algo acogedor, salvaje, romántico, clásico, etc.

Depende del tipo de diseñador el tipo de preguntas que deberá realizar para conseguir el insumo necesario para comenzar con su trabajo creativo. El camino para llegar al arte final es diferente para cada diseño, aunque el proceso contenga los mismos pasos, cada diseño es como la vida de cada persona. Nacemos, crecemos, algunos nos reproducimos y luego morimos; pero cada quien aún viviendo en la misma casa, hace un recorrido diferente. Así que todo dependerá de cómo se den las cosas en cada situación.

Es clave preguntar, y saber hacer las preguntas correctas puede ayudar a realizar el trabajo en mejor forma, a veces se suele oír la respuesta de un cliente frente a la propuesta de diseño que dice: es exactamente lo que quería. El saber interpretar lo que otra persona expresa es un juego lingüístico nada fácil de dominar; pero con los años y el entrenamiento los diseñadores desarrollan esa capacidad.

Las preguntas cerradas deberían ser usadas para precisar; pero lo recomendable para el diseñador es hacer preguntas abiertas para abrir como: ¿En qué piensas cuando imaginas el lugar que se diseñará? Esto le permitirá al cliente hablar libremente, es obvio que no se debe llegar con un cuaderno, sentarse frente al cliente y comenzar como si fuese un interrogatorio policial.

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Lo ideal es que todo fluya en una conversación sin que el cliente perciba que lo estás interrogando. Partiendo de la pregunta inicial y después de haber escuchado bien al cliente exponer lo que imagina, podrás ir haciendo preguntas más cerradas, por ejemplo: ¿Ese lugar lo imagina amplio o más bien como algo acogedor?, ¿Le gustaría que estuviese marcado por lo sencillo o desearía que fuera impactante? Son preguntas con las que como diseñador podrás ser más agudo en la realización de la propuesta. Lo demás dependerá de tu talento, hacer el diseño con los insumos necesarios te permitirá lograr incorporar tus elementos artísticos y al mismo tiempo cumplir con los deseos del cliente, algo que redundará en beneficio de tu marca como diseñador.